Stirling Airsoft España
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Autor Tema: Polvo y sangre. Un clérigo sirio en Shaibah.  (Leído 7035 veces)
Darknels
Airsofter
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« en: Martes 21 de Octubre de 2008, 07:30:09 »

Aquí va mi aportación, tiene algún que otro fallo narrativo, pero es algo que he hecho en poco tiempo.



El cielo estaba gris y apagado, como si una pátina de polvo se hubiese extendido sobre todo aquéllo que pudiésemos observar. Con ese marco, ante mí se levantaba un pueblo que había visto sin duda tiempos mejores. No había ningún tipo de luz en las calles, ni agua en las casas, ni ánimo en las miradas, ni calor en los corazones... El pueblo estaba desolado, arruinado, y sus gentes parecían seguir el mismo camino. La razón era clara: los extranjeros. Precisamente por ellos había venido a la zona, aunque el hecho de tener familia en Shaibah daba era otro punto a tener en cuenta, además de una excusa para estar allí. Como es lógico, lo primero que hice fue dirigirme a la mezquita, a presentarme ante el líder religioso de la ciudad y a ofrecerle mis servicios. Por supuesto, también realicé la oración vespertina con todos los hermanos de Shaibah allí presentes. La noche se acercaba y corrí a buscar a mis familiares. Les encontré en una casa hecha pedazos, en la que hasta el más vil de los animales encontraría reparos de habitar. Khavir Abdel Nasser, un tío lejano, se encontraba realmente envejecido, tanto, que tenía que apoyar sus huesos en un pesado bastón hecho con la madera de una puerta, hecha trizas por las tropas extranjeras en uno de los frecuentes registros de su casa. Con él se encontraba Nadim, su hijo y uno de mis primos, al cuál veía por primera vez. Juntos salimos a pasear, saludando a muchos hermanos por el camino y conociendo a otros dos primos: Alí y Faruq, que eran el médico del pueblo y su ayudante. Poco después de encontrarles, al doblar una esquina, una patrulla extranjera nos detuvo. Entre ellos se encontraba un iraquí, un miembro de esa falsa policía que, tras un correcto soborno, logré que apartara a los ingleses de nosotros. En ese momento, me dí cuenta de que la gran cantida de dinero que llevaba encima podría hacerme blanco tanto de la policía como de los extranjeros, así que corrí a esconderlo lo mejor que pude. Cuando salí de mi escondite me enteré que habían detenido a un hermano y se lo habían llevado al centro de mando infiel. Rápidamente me acerqué al edificio de la policía para denunciar tal hecho que, dados mis estudios en Derecho, consideraba ilegal. La policía actuó con contundencia y sacó a nuestro hermano. No obstante, en el transcurso de su liberación, una patrulla americana me detuvo y me llevó al cuartel. Allí, aquellos que supuestamente habían venido a ayudarnos, me maltrataron todo lo que pudieron. A pesar de que les repetía que estaban haciendo algo ilegal, ellos, que dicen estar enseñándonos a ser civilizados, destruyeron mi dignidad y me trataron como a un animal, obligándome a hacer las más burdas acciones y amenazándome con dispararme si no les hablaba sobre mi pasado. ¡Que Alá los maldiga mil veces mil años! Hablé, por supuesto, pero no dije nada que pudiese comprometer a nadie. Intentaron ahogarme, me cegaron, me asustaron con disparos, me golpearon... y al final me soltaron. Asustado y desorientado, me unieron a una de sus patrullas, que me llevó a las afueras del pueblo. Cuando ya pensaba que el final dictado por Alá se encontraba cerca los extranjeros me dejaron ir. Rápidamente corrí a la mezquita, a incitar a mis hermanos a acabar con los extranjeros, pues ya lo dice Alá a través del gran Profeta Muhammed: ataca solo a aquél que te ha atacado. Cogimos armas y comenzamos a emboscar a sus patrullas mientras los morteros tronaban una canción que se me antojaba realmente bella en esos momentos. Tras varios bombardeos y tiroteos, escondimos las armas y volvimos a la mezquita, momento en el cuál la policía entró en el recinto, disparando a gente desarmada, acabando con todo aquél que no se escondía o se hacía el muerto. Por fortuna, fui uno de los segundos y mi vida pudo seguir un día más. Tras la policía entraron varios extranjeros, que encontraron algunas armas, y fueron rápidamente confiscadas. Era un auténtico atropello, ¡y cometido por nuestros propios hermanos! Poco después, la propia policía proclamaría el toque de queda.

Con gran celeridad volvimos a empuñar nuestras armas y a cantar gritos de batalla. Tras uno de los enfrentamientos, un grupo de extranjeros nos sorprendieron. Todos corrieron a esconder sus armas, salvo yo, que esperé a que se acercaran para dispararle a la primera de ellos a bocajarro y salir corriendo. Mi vida había sido salvada de nuevo, ¡gracias a Alá! Sin embargo, mis hermanos no tuvieron la misma suerte, y fueron detenidos. Por fortuna los liberaron poco después, pero yo ya estaba uniéndome a otro grupo de hermanos para una emboscada más. Durante la primera parte de la noche convertimos las calles en el mismísimo infierno para los infieles. Muchos de esos animales cayeron bajo nuestro fuego purificador.

Cuando los extranjeros se replegaron hacia su cuartel general, Khavir y yo dimos un largo rodeo para atacarlo. Pasamos delante del cuartel de la policía, pero decidimos no disparar. Aunque hubiesen cometido actos horribles no dejaban de ser nuestros hermanos. ¡Alá se ocuparía de ellos! Tras un intercambio de fuego volvimos a la mezquita a buscar a más de nuestros hermanos para poder reagruparnos. Tras ello atacamos duramente el cuartel general extranjero de forma ininterrumpida, hasta que las primeras luces del alba nos obligaron a retirarnos para realizar nuestra oración matutina.

El día comenzaba bien. Estabamos cansados. Pero sabíamos que los extranjeros lo estaban aún más. Nuestros ataques habían desquiciado sus mentes e infundido el temor en sus corazones. Su fin se encontraba cerca. Nuestro imán nos reunió a todos tras la oración para decirnos que los infieles pretendían registrar todas las casas de arriba a abajo. ¡Malditos mil veces sean! ¡Por Alá que sólo saben cometer atropellos y maldades! El problema era que tras los ataques nocturnos las armas se encontraban escondidas en todas partes, con lo cuál había que moverlas rápidamente. Un contacto en la policía nos facilitó la dirección correcta para dejarlas. Él se ocuparía de que los infieles no entrarn en la casa.

Comenzamos la operación un puñado de hombres, entre ellos los mercenarios Mournival que había contratado el imán. No confiaba en ellos, pero demostraron ser eficientes y lograron ganarse mi simpatía. A pesar del cuidado, en medio del traslado, los extranjeros comenzaron a disparar. Sacaron a rastras a uno de los mercenarios de una casa y siguieron disparando. En esos instantes yo me encontraba traslandando un viejo fusil soviético a la casa asignada. No me había dado cuenta de que los disparos provenían de esa zona. Entré y ví a uno de los mercenarios en el suelo, desangrándose. Un americano estaba de pie ante él. Quería hacerlo prisionero, a lo que el mercenario se resistía con lo que le quedaba de vida. Tras verme apretó el gatillo. Ya me daba por muerto. "¡Click, click!" ¡No tenía munición! ¡Ahora me tocaba a mí! Agarré el Kalashnikov y apreté el gatillo sin pensar mientras él salía corriendo de la casa por la parte delantera. Para consternación mía, el arma estaba en fuego automático y mis disparos erraron el blanco. No podía creerlo... ¡sin duda Alá quería que el infiel muriese en otro lugar! El iluso se asomó a la ventana para intentar dispararme, pero no funcionó, sus balas lamieron la pared que tenía al lado. Con celeridad apreté el gatillo de nuevo. Después solo hubo silencio. Esta vez había caído. Un disparo, un escozor en el torso... y caí de bruces al suelo. Un extranjero me había tacado por la espalda. ¡Sin duda son todos unos cobardes! Por suerte me dió por muerto y pude salir de allí por mi propio pie, ya que la herida no era grave.

Nos reagrupamos por última vez y comenzamos el ataque. Me quedé solo con uno de los mercenarios, un tal Beckett, que portaba un largo fusil con una enorme mira. Los dos recorrimos todo Shaibah acabando con todos aquéllos infieles que pudimos. Decenas cayeron bajo el fuego purificador de nuestros fusiles. Hasta cinco patrullas fueron obligadas a retirarse por los disparos de nuestras armas. No podían vernos. ¡Alá nos había transformado en fantasmas! ¡Fuimos el azote de los infieles! ¡Muchos de ellos vistieron barras y estrellas para volver a casa!

La lucha continúa hermanos, ¡uníos a nosotros! ¡Expulsemos a los infieles de nuestro país!

¡Ala Ak'bah!


Tariq ibn Yusuf Al-Mum'min
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Georgius
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« Respuesta #1 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 07:53:43 »

Je,je,je muy buen relato hermano.
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"Oculus Exercitus"
Ingrid Hughes
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« Respuesta #2 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 08:58:56 »

Excelente relato! Eso de estar entre los diez más buscados tuvo consecuencias para Tariq ibn Yusuf Al-Mum'min. No os imagináis como fue para Durkha Al’Fahin (Ángel), uno de los más buscados. Aguantasteis el interrogatorio como verdaderos creyentes vuestra causa!

Uy y me acabo de acordar de weeman, él sí que lo tuvo chungo en el interrogatorio!!!
« Última modificación: Martes 21 de Octubre de 2008, 09:48:09 por Ingrid Hughes » En línea
Cristina Menendez
Stirling Press
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« Respuesta #3 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 12:26:55 »

Y yo como reportera estaba en el interrogatorio, que sepas que hay bastantes fotos tuyas sufriendo, ahora la gente podra ver de verdad tu sufrimiento, ejejej  Lengua
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Puxa Asturies!
Darknels
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« Respuesta #4 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 12:38:44 »

¡¡Wow!! Entonces puedo ponerlas en blanco y negro y hacerme un book   Lengua

Igual me cogen para alguna película  Sonreir
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Ingrid Hughes
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« Respuesta #5 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 12:56:10 »

Y nos dices que cogerías la cinta azul? Si aguantaste como un campeón!
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Darknels
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« Respuesta #6 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 13:17:07 »

La cinta azul la cogería si me lo fuesen a hacer dos veces en la misma partida xD (más que nada porque acabé con un catarrazo interesante xDDD).
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Beckett
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« Respuesta #7 en: Martes 21 de Octubre de 2008, 17:00:31 »

Muy buen relato Darknelss!!!
Habría que hacer una novela uniendo los relatos de todo le mundo jejejej.
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Cuandio se le saca la anilla a nuestra amiga la granada, esta deja de ser amiga
sgtoBull
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« Respuesta #8 en: Miercoles 22 de Octubre de 2008, 18:51:10 »

Darknels muy bueno tio..si señor!! un placer conocerte!
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By spack at 2009-07-24
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